La Borda del Mentidero
Un restaurante donde el paisaje se convierte en ingrediente: vegetación viva que envuelve el exterior e inunda el interior.

En el límite periurbano de Madrid, un antiguo restaurante de paso, donde durante años se sirvió conejo a la brasa a los viajeros de la zona, pedía una segunda vida. El encargo, de un grupo hostelero de referencia, era reinterpretarlo por completo como una gran farm house, una granja inglesa habitada de nuevo por la naturaleza, pensada para pasar el día, comer y celebrar rodeados de jardín. Antes que en la cocina o en la fachada de cristal y madera, Fernando Pozuelo pensó en el paisaje que rodeaba el edificio: olivares y praderas de secano que verdean con la lluvia y se agostan hasta el amarillo en verano. Sobre esa lectura del entorno se tejió un jardín que envuelve la construcción por completo, perimetral por fuera, colgante por dentro, y que acompaña al visitante desde el primer paso hasta la mesa.
Galería
Explora este enclave gastronómico natural, donde la vegetación realza cada rincón del restaurante. Las imágenes capturan la fusión entre diseño paisajístico y experiencia sensorial, mostrando cómo las plantas y el entorno crean un ambiente envolvente y lleno de vida.
La naturaleza acompaña al visitante por distintas estancias que van de fuera hacia dentro: una zona de bienvenida y aparcamiento naturalizado, un jardín exterior perimetral que rodea la construcción, terrazas de césped y pradera bajo toldos, y un jardín interior que se cuela hasta el propio techo del gran salón.
Concepto de Diseño y Filosofía
El diseño paisajístico de La Borda del Mentidero parte de una filosofía integradora que busca conectar naturaleza y experiencia gastronómica. Se ha concebido un entorno donde la vegetación no es solo un elemento decorativo, sino un componente esencial del espacio y su atmósfera. A través de una cuidadosa selección de especies, texturas y formas, se potencia la sensación de frescura, bienestar y cercanía con lo natural. Este jardín dialoga con la arquitectura del restaurante, ofreciendo una experiencia sensorial completa que transforma cada visita en un momento de inspiración y armonía.
Una llegada que ya activa los sentidos, un anillo perimetral que envuelve el edificio y protege su intimidad y un jardín interior donde la vegetación continúa el mismo relato hasta el techo del gran salón. Junto a los pinos existentes se plantaron robles, zumaques de Virginia y laureles que disuelven el aparcamiento entre parterres, mientras que unos huertos urbanos de tomates, pimientos y hierbas aromáticas alimentan directamente la cocina







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